Un llamado a la responsabilidad

Por: Ana María Cifuentes Grimaldo 

La semana pasada, durante una salida pedagógica a Bogotá, tuve el privilegio de conocer a Elber Gutiérrez Roa, periodista del diario El Espectador. En nuestra primera conversación, él enfocó la discusión en el buen periodismo, aquel que se preocupa por las personas y busca la verdad sin herir a nadie. Esta perspectiva me llevó a reflexionar sobre la importancia del enfoque humanista en el periodismo y su papel en la sociedad…

El periodismo, más que cualquier otra profesión, requiere un enfoque profundamente humanista. Los periodistas, en última instancia, son narradores de historias y custodios de la verdad, pero no podemos despojarnos de nuestra humanidad en el proceso. Imaginen tener que cubrir un terremoto, un proceso de paz o incluso noticias económicas como la inflación. En ningún caso deberíamos abordar estas historias como si fueran simples cifras sin importancia. Detrás de cada noticia hay seres humanos con vidas, sueños y temores, y nuestra responsabilidad es contar esas historias de manera honesta y compasiva.

Es fundamental abogar por un periodismo con un enfoque de derechos humanos en la actualidad. A pesar de que el periodismo sensacionalista pueda atraer audiencia, fama y clics, no cumple con la misión esencial del periodismo. Hoy en día, vemos ejemplos en todas partes de medios de comunicación que antes eran respetados por su rigor y objetividad, pero que ahora se han sumido en el sensacionalismo, el chisme y la desinformación. Esto no es periodismo, ya que insisto, el periodismo debe anteponer siempre el bienestar de las personas. Si una noticia, desde su titular, no refleja una genuina preocupación por las personas, entonces no merece ser considerada como contenido periodístico.

Es mucho más relevante que, como periodistas, nos esforcemos por repensar nuestra profesión y cómo deseamos practicarla. En este proceso, deberíamos priorizar la idea de un periodismo basado en los derechos humanos, el respeto y la empatía. Ponernos en el lugar de los demás y preguntarnos si nos gustaría que nos hicieran lo que estamos a punto de relatar es una consideración esencial. A menudo, vemos noticias de violencia, agresión e incluso abuso sexual en los medios, y se presentan con una frialdad que ignora por completo el impacto en las personas involucradas.

Una de las primeras preguntas que debemos hacernos es cómo contribuimos a la sociedad. ¿Fomentamos el odio y la violencia, o fortalecemos la democracia? Recordemos que la prensa libre se sustenta en los cimientos de la democracia. Si nuestra labor consiste en enfrentar a la sociedad y promover la hostilidad en lugar de la comprensión, estamos minando los valores esenciales que sustentan nuestra profesión y nuestra sociedad.

En tiempos en los que la información fluye más rápido que nunca, recordemos que el periodismo es un faro de verdad y humanidad en un mar de desinformación y sensacionalismo. Es hora de que asumamos la responsabilidad de ejercer nuestro oficio de manera más ética y humanista, donde el respeto por las personas y la defensa de los derechos humanos sean nuestros guías. Solo entonces, podremos recuperar la integridad y el valor perdidos en el periodismo actual.  

 

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