Facultad de Humanidades, Artes, Filosofía y Educación: un comentario

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Dato uno: la semana anterior (este texto lo escribo la primera semana de febrero) el profesor Alejandro, quien es mi coordinador, propuso al área de filosofía hacer un texto para el primer número del año 2026 de la publicación digital el Buho… el profesor Alejandro tiene sus razones: algo debemos decir sobre el nuevo nombre de nuestra facultad.

Dos meses atrás éramos FACULTAD DE HUMANIDADES, ARTES Y CIENCIAS SOCIALES. Ahora somos FACULTAD
DE HUMANIDADES, ARTES, FILOSOFÍA Y EDUCACIÓN. Como se ve, el nombre FILOSOFÍA (junto al de educación) aparece en la nueva designación de la facultad y conviene decir algo al respecto… un desprevenido podría pensar que ese nombre aparece allí porque ahora tenemos un programa de FILOSOFÍA en la facultad, pero no, no es así.

Podría pensar que se invirtieron recursos humanos, financieros y estratégicos para estimular el pensamiento filosófico de la facultad, pero no, no es así. Podría pensar que, de los 45 docentes que hay en la facultad, la mayoría de ellos son filósofos. No, no es así; de los 45 profesores, solo 2 (Mauricio y Jesús) son filósofos titulados, los otros, aunque con títulos académicos notables, no gozamos de una titulación tan prestigiosa.

Dato dos: el viernes 30 de enero, Jorge Alberto Osorio tuvo el honor de hacer la CÁTEDRA INAUGURAL del semestre 2026A en nuestra universidad. Hacer una cátedra inaugural, es de todos conocido, es un honor que conceden las universidades a los pensadores notables del momento. 3 ejemplos cercanos: en su momento y en la universidad Nacional de Colombia hicieron Cátedra Inaugural Gerardo Molina, Agustín Nieto Caballero, Orlando Fals Borda… 3 ejemplos emblemáticos: en su momento y en la universidad de Harvard lo hicieron Amartya Sen, Aleksandr Solzhenitsyn y Angela Merkel.

La cátedra inaugural de este año en la universidad de Ibagué tuvo un título más bien circunstancial: Aprender en tiempos de IA: lo que la educación superior no puede ignorar. Es aquí, en medio de estos 2 datos, que quiero hacer el comentario que promete el título de esta nota. El comentario, si se quiere, es un ejemplo de la filosofía mal evocada; diré en su favor que, es un comentario honesto y refleja lo que dice alguien que no es filósofo, pero hace parte de una facultad de filosofía.

Comentaré algo de lo que vi, escuché o pensé durante la Cátedra Inaugural orientada a aprender en los tiempos de la IA… insisto: soy consciente de que un filósofo no haría un texto así; un filósofo escribiría sí, un texto para desentrañar desde una escuela filosófica anclada en la tradición lo que se dijo durante esta cátedra inaugural 2026 en la Universidad de Ibagué.

Jorge Alberto Osorio nos dijo en la cátedra inaugural que es profesor universitario hace 32 años…yo lo vi demasiado joven para tener tantos años de experiencia (pero de seguro fue un prejuicio. Cada vez tengo más años y quienes acumulamos más años solemos ver a los otros mucho más jóvenes). En su charla mencionó que profesores universitarios como él deben usar la IA para que les quede más tiempo “para lo importante: atender a los estudiantes…” No nos habló de como él atiende a los estudiantes, habló sí, de lo que hace con el tiempo libre que le queda gracias a que usa IA: el profesor Osorio dedica ese tiempo libre a asesorar a más de 70 universidades en la elaboración de programas universitarios y programas curriculares, todo lo hace, claro, usando programas y plataformas que usan, como él, la IA.

Según nos hizo saber, es capaz de diseñar programas y currículos en cuestión de horas (reiteró, apoyado en
plataformas y programas que usan IA), nos mostró de forma generosa cuáles son esas plataformas que usa para que los interesados tomaran atenta nota.

Que un profesor universitario sea capaz de diseñar programas y currículos en cuestión de horas, a cualquiera debe llamarle la atención, a mí particularmente me arrojó a un precipicio, (y no creo que como antes, se trate de un prejuicio). La razón de mi caída al precipicio fue la siguiente: a la Universidad de Ibagué le ha tomado años diseñar los 17 programas que ofrece y la estructura curricular que soporta a cada uno de estos programas.

A mí personalmente me tomó 3 semestres actualizar un PDA para una única asignatura: Ética y Política. A la universidad le ha tomado años diseñar sus programas y currículos y a mí me ha tomado semestres actualizar una única asignatura por varias razones: un programa universitario y un currículo es una construcción social. Exige el concurso de académicos (que se hayan formado y tengan experiencia en los programas), políticas universitarias (vinculadas con el contexto educativo y el contexto social de la región), exige también el concurso de administrativos de la educación (o que entiendan de ella), exige el concurso de autoridades ministeriales, el concurso de estudiantes, egresados, empresarios, comunidades locales… exige, en fin, muchos actores y condiciones.

Exige además definir las personas reales a quienes esos programas y currículos habrán de impactar en sus vidas (personal y laboralmente), es decir, exige una mirada del futuro y de lo que debe ser ese futuro. ¿Puede alguien vinculado al mundo universitario no inquietarse frente a semejante contrasentido: planes académicos y curriculares que se hacen en horas con IA y planes y currículos que se hacen a lo largo de los años por grupos humanos diversos y en medio de sus propias cotidianidades?

Aceptaré, de buena fe para con el profesor Osorio, que un programa académico y sus currículos puede diseñarse, escribirse, diagramarse y presentarse en horas, usando plataformas y programas que usan IA. Que en sus tiempos libres un solo profesor universitario puede asesorar a 70 universidades para hacerlos… en un mundo así (me lo hizo entrever la profesora Elisa) los estudiantes tendrían el deber moral de desarrollar sus tareas y deberes con IA, las reflexiones las harían con IA, las teorías y procedimientos técnicos los recibirían de IA, los ejercicios se los orientaría una IA, los docentes serían asistentes de la IA; las investigaciones se podrían realizar desde programas y plataformas que usan IA…

…En un mundo así, agregando un poco de imaginación orwellina o huxleyana, pronto no habría profesores en el campus (no se necesitarían); unos meses después los estudiantes no tendrían razón alguna para estar en la universidad, sus trabajos académicos podrían hacerlos online. Poco a poco desaparecerían las aulas, los laboratorios, todos los espacios de aprendizaje que hoy usamos.

En un mundo así las universidades esencialmente serían innecesarias: estudiantes, administrativos, docentes, todos se quedarían en sus casas o en un lugar cualquiera tras una pantalla (seamos precisos: pantallas con IA). En un mundo así da igual quiénes son los estudiantes, quiénes los profesores, quiénes los directivos académicos.

Todos podrían ser avatares creados por una IA y que interactúan de manera eficiente con procesos y resultados creados con IA. Hay un poco más: seria necesario que una universidad así, pensada con programas y currículos hechos con IA, desembolsara grandes cantidades a los administradores de las IA, cantidades ingentes que les permitieran recuperar a sus inversionistas los montos millonarios que aportan para lograr esos desarrollos tecnológicos.

Aquí asoma un elemento macondiano (de esos que hacen que nuestras distopias duren cien años de incomprensión o más); para cubrir esos gastos que autorizan al alma máter hacer uso de las IA necesarias, la universidad habría prescindido, para entonces, de un gran número de docentes y administrativos (cada uno concebido como “dinero ahorrado”) que, igual debe pagarse para el uso y servicio de las plataformas digitales que se requieren para la operación.

Lo interesante es que, esas plataformas y programas con IA (y quienes ahorran tiempo con ellas), van a generar programas y currículos genéricos para ser aplicados en Ibagué, Beijing, Seúl, Bombay, Teherán, Abu Dabi, Helsinki, Copenhague… es decir tendríamos una universidad deslocalizada (a lo mejor ya no sea necesario llamarla Universidad de Ibagué) y que garantizaría la preparación de los profesionales planetarios del futuro.

La distopia podría continuar, pero quiero evitar el riesgo de entorpecer su exageración; mejor imaginarla hasta acá y cerrar el ya extenso comentario. La IA, haríamos mal en negarlo, es la realidad más acuciante de los tiempos recientes. Negar sus posibilidades sería muy torpe. Lo que nos exige su uso extendido en programas y plataformas es cuestionarnos, desde la imaginación y la razón, los discursos y expectativas de quienes gustan de vender humo.

Por Orlando Barón Gil

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