La quena: "otra extensión de mi cuerpo" Oscar Molina

 Por:Yirani Rodríguez V.


Tiene 31 años de edad, se reconoce por tener un cabello color negro que no le llega más allá de los hombros, ojos grandes y expresivos, una estatura que no supera un metro con setenta, de piel morena y una personalidad arrolladora. Tiene una pasión en particular y es su amor por la música folclórica colombiana y la magia de interpretar la quena, instrumento que lo deslumbra. Él es Oscar Javier Molina Molina, nació el 14 de febrero de 1985, en la vereda Paraíso Charguayaco, lo que hoy por hoy es la ciudad de Pitalito, Huila.


 

Sus padres son músicos empíricos. Su padre es agricultor e interpreta la guitarra y el requinto y su madre es cantante y ama de casa. Oscar Javier recuerda con mucha alegría que desde muy pequeño, empezó a desarrollar su gusto por la música folclórica. Esos sonidos tan particulares de la música colombiana, hicieron que creciera escuchando este tipo de música. Dentro de sus recuerdos de infancia, Oscar Javier cuenta que su padre junto con otra señor de nombre Víctor Loaiza, un Tolimense oriundo de Chaparral, hacían música. Interpretaban bambucos, pasillos, joropos, música de escalona, mucha música de cuerda. Al vivir rodeado de este tipo de música, su amor hacia ella fue creciendo cada vez más. Se expresa con mucho orgullo e infinita pasión de la música, que despierta todo el interés en quien lo escucha y la sonrisa inmensa que se refleja en su rostro, es una clara representación de lo que significa para él, el arte de los sonidos y los silencios.

Su recorrido artístico comienza en Pitalito, Huila en donde siempre ha estado inmerso en el mundo musical. Siendo un niño, Oscar Molina empezó a incursionarse en la música, sus primeras experiencias fue cantando en el colegio y en otras ocasiones lo hacía en reuniones familiares al lado de su padre Bernardo Molina. Para Oscar Javier fue muy fácil interpretar instrumentos de percusión menor como por ejemplo la guacharaca, la cual de manera empírica lograba hacerla sonar.

Con mucha alegría, sus manos junto sobre la mesa y uno que otro suspiro, Óscar Javier emprende un viaje hacia el pasado: A sus 8 años de edad conoce por primera vez en una feria artesanal de Quena que se hacía en Pitalito, Huila – y todavía se lleva a cabo - los instrumentos andinos. Desde ese momento quedó cautivado por aquellos elementos musicales. Recuerda claramente que en esa época, había un ecuatoriano o peruano, estaba vestido de traje de plumas, con pura pinta de indígena, él vendía artesanías y entre esas cosas, estaba la Quena. Oscar Javier al verla quedó enamorado y opta por decirle a su padre que le compre una de esas Quenas. Al principio Don Bernardo Molina se negó pero después accedió y fue ahí, en ese momento cuando Oscar Molina siendo tan pequeño de edad, comenzó a tener una conexión instantánea con ese instrumento, La Quena. Desde ese entonces empezó a explorarla de maneja muy empírica.

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Con el paso del tiempo a sus 16 años de edad, Oscar Molina inicia sus estudios musicales con los maestros Faiver Olave Díaz y Hugo Alberto Iles Tovar, personajes de gran trayectoria musical en el departamento del Huila. Un par de recuerdos se le vienen a la cabeza a este amante de la Quena, que ese entonces pertenecía un grupo musical llamado “Semillas”, pero el momento que más lo llena de sentimientos fue acordarse que para una presentación que había en Neiva, había un cupo para 10 personas, de los cuales Óscar Javier en primera instancia iba a ser parte, pero luego ya no pudo ser elegido porque él no sabía tocar el “Wache” (instrumento metálico utilizado para interpretar cumbias) por esa razón escogieron a otro compañero. “Me fui derrotado para la finca. Cuando llegué a casa, me recosté sobre una pared y le conté a mamá lo que había pasado, ella me dijo tranquilo e insistió en que yo iba a viajar más que todos ellos esos muchachos”. Sin duda alguna, las palabras de su madre aquel día lo marcaron para toda su vida.

Su sueño siempre fue estudiar música y visualizarse trabajando en una Universidad. Tenía muy claro lo que quería para su vida y sin más preámbulos, decidió trasladarse a la ciudad de Ibagué en el año 2004, solo para perseguir su sueño, el de estudiar en el Conservatorio del Tolima y así, convertirse en músico.

En el año 2005 ingresa al Conservatorio del Tolima para dar inicio al programa de Licenciatura en Música y en donde también comienza a ser parte de grandes grupos musicales folclóricos. En el Conservatorio se destacó por la interpretación de la Quena en el Ensamble de Jazz y la Estudiantina, que fue con la que más tuvo más relevancia y era dirigida por Sergio Sánchez. De igual manera hizo parte del ensamble de percusión, Ensamble de Flautas Barrocas y la Banda Sinfónica. Tuvo la posibilidad de estudiar Flauta traversa también en el Conservatorio del Tolima con el maestro William Sánchez, con el fin de desarrollar técnicas que le permitan mejorar la interpretación en la Quena.

Después de graduarse del Conservatorio del Tolima en el 2009, a Oscar Javier le quedó la duda de saber por cuál de las dos flautas se inclinaría, sí seguir estudiando Flauta traversa o la Quena y él escogió la Quena, de cual considera que no es un instrumento tan popular en esta región. Del 2009 al 2013 conformó el Trio Kimza Baracoa, Agrupación ibaguereña dedicada a la interpretación de la música andina colombiana. Con Kimza se participó en el Festival Nacional del Pasillo Colombiano, Concurso Anselmo Durán Plazas, Festival Mono Núñez y el Concurso el Contrabandista, entre otros. Se obtuvo en el 2012 y 2013 de manera consecutiva los conciertos didácticos otorgados por la Secretaria de Cultura Turismo y Comercio de Ibagué en el portafolio de estímulos.

Óscar Javier, expresa que la música un lugar en donde se puede encontrar consigo mismo y le permite llenarse de sentimientos y hacer sentir emociones a su público. Con tranquilidad y amor por lo que hace, logra transmitir algunas de las cosas que la música representa para él. Aunque no niega que momentos antes de salir a la tarima es inevitable no sentir ansiedad, nervios y sobre todo pánico escénico. Pero asegura que con el paso del tiempo se logra tener madurez frente a lo que se hace con amor.

Desde el 2010 se desempeñó como Instructor de Música por tiempo completo en Bienestar Universitario de la Universidad de Ibagué; en este periodo fue integrante del Ensamble Iktus, Coro Institucional, Dueto Raíces, Grupo de Investigación Aulos, profesor asistente de la Colección Alfonso Viña Calderón y Mundo Sonoro y director del Grupo La Siembra. Durante este mismo periodo fue profesor del Colegio Exalumnas de la Presentación e instructor musical del Proyecto NATAGA (proyecto de construcción de instrumentos musicales tradicionales del Tolima).

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En su rostro se le nota la felicidad que le causa hablar sobre su vida como músico, y con un gran suspiro recuerda claramente lo que le dijo su madre cuando era joven, “Usted va a viajar más que todos esos muchachos”, y así fue. Después de todos sus eventos en Colombia, en el año 2011 llegó la hora de irse a una gira por Europa. En donde hicieron aproximadamente unas 60 presentaciones alrededor del continente.

En su dedo anular derecho, tiene un anillo, que da a entender que es un hombre casado. Lleva cuatro años de casado y dice que el matrimonio va más allá de un contrato y que las crisis son inherentes al ser humano. Para Óscar Javier, crecer como persona, aceptar, reconocer faltas, estar dispuesto a perdonar, y el diálogo abierto, son claves para convivir en un matrimonio. Oscar Javier Molina Molina, tiene dos hijos de los cuales se siente orgulloso. Ellos están creciendo en el ambiente de la música folclórica, igual que él cuando tenía sus edades. En el caso de María Camila, su hija, tiene más inclinación por el baile, en cambio Juan su otro hijo, si tiene gusto por la música, igual que su papá. Sin embargo Oscar Javier, no espera que el día de mañana sus hijos emprendan el viaje de ser músico como él, pero con gran orgullo y una risa picarona recuerda la frase de una canción de Diomedes Díaz “Si decides ser zapatero, solo quiero que seas el mejor” y es eso lo que él busca con sus hijos, que sean los mejores. Se siente afortunado de tener una esposa que lo apoye y respete el amor que siente él por la música y por su instrumento que es la Quena. Siempre ha respetado sus horarios de ensayo, de estudio.

En un tono serio y muy seguro, Oscar Molina expresa que los fines de semana son fundamentales para compartir con su familia. Compartir con sus padres es lo que le gustaría hacer a diario, pero ellos no se encuentran radicados en Ibagué.

Oscar Javier desempeña en el cargo de Coordinador de cultura en la Universidad de Ibagué, en el área de Bienestar Universitario, resalta que se lleva bien con sus compañeros de trabajo, pero considera que también hay momentos de tensión, de estrés, pero nunca ha sido de alzarle la voz a sus compañeros, ni faltarles al respeto. 

Nancy Rocío Cepero es una de las compañeras de trabajo de Oscar Molina y describe a Óscar Javier Molina como una gran persona, un buen compañero y se ha destacado por estar siempre pendiente no solo de las cosas personales de él, sino las de sus compañeros también. Nancy Cepero siempre lo ha conocido en su ámbito laboral, excepto porque tuvo la oportunidad de darles clase a los hijos de Oscar Javier. Desde ahí comenzaron una amistad muy bonita. Nancy Rocío lo ha visto no solo como compañero de trabajo, sino como papá, como amigo.

Catalina Neira es otra de las compañeras de trabajo de Oscar Javier, encargada de coordinar lo relacionado a la parte ciudadana en la dependencia de bienestar universitario. Ella lo percibe en el entorno laboral como una persona que se enfoca mucho en su trabajo, le gusta que todo salga bien, es totalmente amigable, siempre entra con una sonrisa de punta a punta, obviamente sin olvidar que a veces no llega con buen genio pero es entendible, a veces se maneja gran estrés laboral. En lo personal, es muy poco lo que conoce a Oscar Javier, pero se ha podido dar cuenta que es muy comprometido con su familia, es una persona dedicada en su música, en su profesión, es algo que lo apasiona entonces lo hace bien.  


Lleva la música en las venas, en cada rincón de su ser. Si fuera por él, solo hablaría de ella. Piensa que la Quena es el instrumento que le ha abierto las puertas como interprete: “Estoy trabajando es por tocar ese instrumento, porque gracias a él la gente comienza a conocerme”. Para Oscar Javier Molina, la Quena es una extensión de su cuerpo y la música más allá de ser un arte, es su forma de vivir.


 


Por: Yirani Rodríguez V.

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